Lima, Lima, Perú.-

Por José
Luis Castillejos Ambrocio joseluiscastillejos@gmail.com
Lima.- Todas las tardes de Julio de este invierno austral
limeño, “Chespirito”, Roberto Gómez Bolaños, se refugió en el hotel Sheraton;
lo recorrió y se sumergió en una suite donde descansaba poco antes de presentar
su obra teatral 11 y 12.
Sobreprotegido por Florinda Meza, “Doña Florinda”, su esposa
y compañera desde hace casi tres décadas, el “Chapulín colorado” caminaba un
poco cerca al casino de este hotel, ubicado frente al Palacio de Justicia, en
la acera de los “Héroes Navales”.
Cuando puede y el tiempo se lo permitía probaba el “pisco
sour”, un cóctel hecho a base de licor de uva, jugo de limón, azúcar y clara de
huevo, con bastante hielo.
Hasta el actor mexicano nadie tenía acceso, ya que este se
desplazaba con seguridad y llegaba hasta sus habitaciones en el “Club Floor”
donde gozaba de total privacidad..
Aunque no puede gozar totalmente -debido a su edad- de las
amplias instalaciones que tienen un centro de negocios, piscina al aire libre,
cancha de tenis, gimnasio, sauna, salas de vapor y masajes, el libretista sí
caminaba por las instalaciones.
Gómez Bolaños recibió muchos reconocimientos de parte de la
"Ciudad de los Reyes", como se conoce a Lima que está rodeada de un
pasado intrigante que entraña los misterios de los antiguos Incas.
Tuvo la oportunidad de recorrer, a bordo de automóviles, las
calles de la ciudad que están impregnadas de tradición y rebosantes de
esplendor histórico, con reliquias antiguas, grandes balcones y las galanuras
de sus edificios.
Este hombre de paso cansino, mirada de abuelo, que perdió la
audición del oído derecho, se aleja de la prensa bajo el enorme celo de hombres
de seguridad que lo aíslan, además, del deseo de cientos de niños y personas
que desean tocarlo, abrazarlo para ver si le da la “Chiripiorca”.
Sin su mazo, ni su traje rojo y el corazón amarillo, “El
Chapulín” se ha impregnado de Perú, ha probado ricos platillos, degustado
manjares dulces y salados y ha recibido placas, reconocimientos, cartones, las
llaves de la ciudad en lo que es su despedida, por estos lugares, de los
escenarios.
El reconocimiento en el Congreso de la República; otro hecho
por el presidente de Perú, Alan García; uno más del alcalde de Lima, Luis
Castañeda Lossio y el enésimo de la
UNESCO, por su apoyo a la niñez y la juventud, ha despertado
cierto celo entre los actores locales.
“Cómo es posible que le hagan tanto reconocimiento a ese
artista que ya pasó de moda?”, preguntó casi en voz baja un actor peruano y al
no hallar una respuesta dijo: “también aquí hay muchos valores, pero como no
somos extranjeros ni nos hacen caso”.
Gómez Bolaños presentó en Lima con gran éxito la obra
teatral “11 y 12”,
y aunque tuvo buena acogida muchos no pudieron verla debido al elevado precio
de las entradas de entre 22.14 y 127.50 dólares por persona.
Miles de peruanos, de escasos recursos, se quedaron sin ver
la obra cuyas presentaciones se iniciaron el 8 de julio y concluyeron a fines
de ese mes en el Teatro del Colegio San Agustín, en Lima en esta capital.
Roberto Gómez Bolaños, que proseguió su gira en Chile, se retira de esta forma de los
escenarios latinoamericanos son conocidos sus personajes El Chavo del 8, El
Chapulín Colorado, El Chómpiras, y el Doctor Chapatín.
La apacible vida del popular “Chespirito”, que encarna en la
obra al personaje de “Eloy Madrazo”, un camionero que gana poco y apenas le
alcanza para sobrevivir, se ve trastocada al atropellar a “Cristóbal Gutiérrez”
quien pierde sus órganos genitales.
“Cristóbal Gutiérrez” está casado con Cristina (Florinda
Meza), a quien le gusta la vida disipada, el glamour y los artículos suntuarios
y cuyo deseo mayor es tener hijos, situación que se ve alterado por el
accidente que sufre su esposo.
La tragedia para Gutiérrez se inicia cuando pierde sus
genitales luego de que le pasara el trailer, conducido por “Eloy Madrazo” en el
momento en que intentaba salvar la vida de “Fernandino”, el hijo de su amigo
Fernando Lobo, que iba a ser atropellado.
El doctor “Manuel Arenas” desliza la posibilidad de hacerle
un transplante a Cristóbal y decide que hay que buscar un donador de entre dos
opciones: Fernando Lobo, un amigo de la pareja y el “atropellador”, Eloy
Madrazo, un tipo bajo y poco agraciado.
Después de una serie de análisis clínicos y un arreglo con
el chofer este decide una “donación-venta” de uno de sus testículos a cambio de
20 mil dólares, pero “Cristina” no sabe que el donador es un tipo feo, chaparro
(bajo de estatura) y de regordetes mejillas.
La señora Gutiérrez vivirá la mentira que el donante fue
Fernando Lobo, un apuesto amigo de la familia, pues nunca aceptó a Madrazo
porque decía que era muy feo.
Posteriormente, la vida la devuelve el accidente a “Madrazo”
quien pierde también un testículo y Fernando termina siendo su donante.
“Eloy” a pesar de ser pobre es educado y utiliza la
numerología para referirse a las partes de su cuerpo y, por tanto, decide que
sus testículos son el 11 y 12 y cuando es sometido a pruebas por el médico usa
esas expresiones que confunden al galeno.
Una serie de tramas cómicos se desencadenan al utilizar
“Eloy Madrazo” juegos de palabras con los números "11 y 12" como
cuando afirma que estos se le fueron al número 6 (la garganta) en el momento
del accidente.
El actor le asigna otros números al cuerpo y de esa forma el
5 corresponde a la boca; 6: garganta; 14 y 15: glúteos y el 0 al ano.
Cantiflesco y evasivo a ratos, Roberto Gómez Bolaños recurre
a frases y gestos de Chespirito, El Chavo, El Chapulín Colorado y El Chómpiras
para salir de situaciones difíciles.