Es indiscutible que México, al igual que muchas regiones y países en el mundo, inicia su camino por una de las crisis económicas más severas jamás registradas. Aún naciones que gozan de sólidas economías emergentes como Singapur y China empiezan a resentir la oleada financiera. La mayoría de estados de la llamada Unión Europea (UE) ya presentaron sus respectivos planes para estabilidad económica.
Todos buscan, sino una salida, sí un paliativo para poder sobrepasar
esta debacle. Buscar culpables a estas alturas del partido podría
resultar ocioso, no obstante, es seguro que existan casos que debieran
ser revisados, incluyendo aquellos donde los líderes, empresarios y
directores ejecutivos salieron airosos –
con varios miles de millones bajo el brazo-
de actividades de especulación, las cuales afectaron el bolsillo y
patrimonio de millones de clientes, usuarios y personas. Baste decir
que aquí en México las principales compañías que impulsan las acciones
en la
Bolsa Mexicana deValores
(BMV) jugaron con las reservas del
Banco de México
(Banxico). Capital destinado a confrontar una posible depreciación del
mercado, en cualesquiera de sus aristas. Sin embargo, ese dinero
“se fue” en tratar de llenar los “agujeros” dejados por la deuda contraída por dichas empresas
.
Las cuales, sin dejar de lado su posición “prepotente” en el mercado
local, han medrado contra el bolsillo de muchos mexicanos, pero
convenientemente excluyendo los suyos.
Y no es que sorprenda una acción
como la anunciada por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público
, a cargo de
Agustín Carstens
,
sino que sin duda provoca no sólo escepticismo sobre la capacidad del
gobierno federal por solucionar el grave problema que se presenta, sino
de su voluntad política y/o su margen de maniobra contra la impunidad
de ciertos personajes. La situación es que
Carstens indicó que la especulación de ninguna manera es una actividad delictiva
–
como sucede en los países de primer mundo-,
al contrario es un condición normal sobre la que operan las más
diversas firmas internacionales. Y eso puede ser cierto, pero no deja
de ser una premisa que provoca no únicamente molestia, sino que produce
miseria en la una población, ya enormemente vapuleada por las
condiciones y determinaciones ajenas a las comunidades en las cuales se
aprecia más la desigualdad social, cultural y económica. Sí, suena a
obviedad,
pero deberían ser castigados aquellos que en realidad lo merecen
.
Tristemente,
continúan las mismas condiciones sobre las que venía operando el
supuesto dinosaurio difunto conocido en antaño como el partido
hegemónico, el
Partido Revolucionario Institucional 
(PRI), empobrecimiento, cinismo e impunidad a favor de los
delincuentes de “cuello blanco”
.
No resulta, extraño pues, que el secretario de HCP revele que no hay
crimen, dejando un resquicio importante respecto a la ley que existe
referente a la protección a favor de los inversionistas, quienes
debieron ser informados sobre estas actividades. Traducción: “Si y sólo
si” existe un delito en este caso particular, si los empresarios o
apoderados legales de estas instituciones no informaron oportunamente a
sus inversores acerca de sus intenciones para destinar ciertos
capitales hacia “productos derivados”, a fin de subsanar los gastos
ocasionados por el monto de deudas contraídas sobre la moneda mexicana
con anterioridad.
Mientras el caos y suspicacia que el asunto genera, redondean los ángulos que habrán de afectar
“la pobreza patrimonial” de millones de mexicanos
, las cosas en general
“no pintan bien” para el resto de los menos afortunados
, quienes seguramente, ni siquiera poseen alguna mención en
la lista de la revista Forbes
, la cual me imagino, deja únicamente fuera a “unos cuantos”.
Por otro lado, y pecando de lúdico, resultaría extremadamente provechoso
inducir una drástica reducción de salarios a los altos mandos de esta nación
,
retribuciones económicas que francamente resultan onerosas para el
pueblo en un periodo catastrófico como el que se aproxima. Los
dispendios que gozan líderes sindicales, jueces y burocracia en
general, provocarán -
en el mediano plazo- una serie de
cuestionamientos, apartidistas sin duda, sobre el destino de miles de
millones de pesos, los cuales en el menor de los casos, solamente
sirven para viáticos (
el escándalo de las Hummers
).
Un verdadero saneamiento y la imposición de un presupuesto
frugal/espartano en este renglón, propiciaría un salto de legitimidad
para el des-configurado gobierno federal. Sería una victoria simbólica –
no pírrica-,
un “rebasar por la izquierda”, una muestra real de que existen ganas,
patriotismo y fidelidad, sumado a la concreción de una promesa hecha
por Felipe Calderón cuando fue aspirante a la presidencia en 2006. Los
ciudadanos sentirían y definirían condiciones propicias para el
desarrollo de este periodo gubernamental.
Una cosa es clara: se
ganaría en credibilidad lo que se perdería en retribución económica.
Sin embargo, no creo que la administración pública sea capaz de exigir
nada, de convencer, pues los convenios, concertasesiones, prebendas y
clientelismos son un lastre mayor, y se necesitaría algo más que
únicamente la voluntad de una persona o un puñado de individuos para
avanzar en un asunto como éste.
Por otro lado, resultan
siniestros por decir lo menos, los rumores que indican la posible
imposición de un estado de emergencia (¿sitio?) en todo el país, y no
es porque no se necesite, al contrario, creo que sería justificable,
aunque no deseable, sin duda. No obstante, ¿Por qué no se implementó a
la luz de sucesos trágicos como el asesinato del niño Fernando Martí?
¿Por qué no se impuso cuando se observó que la delincuencia estaba
incontrolable? ¿Por qué no se instaló en ciertas poblaciones, como
Ciudad Juárez,
a la vista de cruentos homicidios contra la población civil
? ¿Por qué no se instauró al momento mismo de registrarse
los dramáticos sucesos en la ciudad de Morelia
en el estado de Michoacán? ¿Por qué precisamente ahora,
cuando el movimiento magisterial en el país se encuentra en pleno
?
¿Por qué “pretenderse” implementarse ahora que la población se
manifiesta? ¿No es estúpido tratar de ganar tiempo o legitimidad
agrediendo a ciudadanos comunes y corrientes, cuando al mismo tiempo se
deja que los maleantes “hagan su agosto”? ¿No es demencial?
Que
el gobierno use el monopolio de la violencia no es inconstitucional,
pero sí es irremediablemente obtuso usarla por las razones equivocadas.